Una velada especial

Mi velada especial

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Podría haber sido una velada como las demás, una de aquellas veladas en las que acostumbre a escuchar los lamentos de alguna de mis amigas, felizmente emparejadas con algún tipo del que esperan algo más….
Yo entré como siempre acompañado por ella, una chica rubita de buen ver, a la que la mayoría de los tipos que había en el local , miraban disimuladamente, en sus miradas se atisbaban los intentos de acercarse a ella ,pero mi aspecto de tipo de gimnasio parece que les alejaba de tan estúpida idea.

A mí la vida los 4 últimos años me había golpeado fuerte, si hablamos de los jodidos aspectos emocionales de la especie humana…tan pretendidamente racional. Rodeado de perdidas en todos los aspectos de la vida, vivía una especie de bradicardia latente, que me mantenía con vida en una espera de algún acontecimiento que avivara la llama casi apagada de mis emociones.

Mi amiga me pidió si por favor le podía pedir a la camarera la clave del wiffi, sabía que el por favor conmigo sobraba, yo salía con ella porque era una de las poquísimas chicas que habían sido capaces de no prejuzgarme ni etiquetarme por mi aspecto.

Ana, que es como se llama el angelito, siempre me había saludado , me paraba por la calle a preguntarme que tal mi vida, esos pequeños detalles eran los que me llenaban….era de las poquísimas personas que me preguntaban por algo que no fueran las dichosas mancuernas.
La velada trascurrió muy deprisa, para el gusto de ambos demasiado, hablamos de muchos temas de su ruptura y reconciliación con su pareja, de lo que pensaran los demás si nos van viendo juntos, de los dimes y diretes de la sociedad y las adicciones al sexo y al móvil de algunos de nuestros conocidos y un largo etcétera.

Me preguntó que como es que no tenía pareja, que no lo entendía, que yo era diferente al resto, era comprensivo, encantador, y que conmigo no paraba de reírse…cosa cierta siempre he tenido esa habilidad.

Mi respuesta fue como mi personalidad clara y contundente; no tengo porque no he encontrado la mujer que vaya más allá de lo socialmente establecido y lo meramente superficial, y antes de que se altere alguna…..repito que le dije no he encontrado. Es decir puede que donde yo me mueva no las haya, no estoy generalizando…

Dicho esto me acerqué a la barra y admiré, como hacía tiempo que no lo hacía, a la camarera. Sencillez, belleza y armonía, se podría describir aquella chica con mil adjetivos, pero si algo la definía de modo claro y contundente, era esa gracia espectacular que poseía al andar, esa manera de mirar, aderezada por unos ojos infinitos y un porte que hubiese atrapado al más profesional de los galanes.

Andaba, más bien danzaba, con la firmeza de aquella que se sabe poseedora de tan bellas cualidades, con sus zapatitos con fino tacón pero paso firme y rígido, servía las mesas golpeando esas tablas de vieja madera que contrastaban con su juventud colmada de belleza y sensualidad, segura de si misma.

Yo seguía hablando con mi amiga, pero mi posición en una de las mesas me permitía admirar tan bella creación, aquella velada era ya especial….Dios a veces es jodido y muestra aquello que solo puedes llegar a soñar pero he aquí la grandeza de la propia naturaleza que de vez en cuando se nos manifiesta de unas criaturas tan bellas como inaccesibles para la mayoría de los mortales.

Personalmente para mí un tipo que ya había sobrepasado el ecuador de su vida, aquella velada había sido más que gratificante, había pasado un par de horas con mi amiga, esa que me comprendía tan bien…esa que, pese a que sabía que era psicólogo, entendía que yo no era inmune a las mierdas varias de la vida, y se dedicaba a escucharme sin prejuzgarme.

En otro orden de cosas gracias a mi amiga, entramos en ese local, y asistí a la admiración de uno de los seres más bellos e impactantes que Dios puso sobre la tierra, la morenita de la barra, que es como mi amiga rubia la denominaba…

Yo evidentemente supe su nombre y ella se acordaba del mío….cosa que para un simple mortal como yo transformó una noche más…en la noche por excelencia. Una noche que lejos de ninguna otra pretensión se convertiría en un maravilloso recuerdo para el resto de mis días.

*Dedicado a mi amiga Ana y aquellas personitas, que a través de pequeños detalles, hacen que la vida sea algo bello y maravilloso aunque sea por unos breves instantes y nos permiten a más de uno seguir soñando y admirando la existencia.
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